martes, 27 de septiembre de 2011

Miedo

El edificio era grande, lo observe desde afuera, gigantesco diría yo... me llamaba, me tenía hipnotizado. Respiré profundamente, caminé hacia el, tenía miedo.
Tenía 5 entradas, escogí la 3ra quizás por ser mi numero favorito. Camine, sentí una corriente de aire, escalofríos vinieron a mi y empece a sudar. La luz del fondo aclamaba mi llegada. Un susurro, una voz insistente me decía que no lo hiciera. De esas veces que presientes las cosas, que tu sexto sentido te advierte. No hice caso... seguí.
La boca de lobo se hacia mas excitante y a la vez mas horrorizante. Me llamaba la luz insistentemente.
Por fin llegue empapado en sudor frío, la camisa se me pegaba, no quería voltear. Al llegar había unas escaleras y un elevador. Pensé subir por las escaleras pero la iluminación era intermitente y yo como buen zombie-fan decidí que seria mucho mejor por el elevador... apreté el botón y un sonido como de una grúa de una metalurgia hizo estruendo, me aferre y espere. Se abrieron las puertas. Me encontraba con mi reflejo, me daba la bienvenida a que aborde, un espejo de antaño del tamaño de la pared del fondo del elevador, las otras paredes de los costados tenían un tapiz verde con café y unos detalles en dorado. Entre... se cerraron las puertas. Solo había un botón sin numero, lo presione. Me sentí dentro de una puerta esclusada, sin opción. No había regreso. La desesperanza empezó a apoderarse de mi, la voz se hizo insistente, me gritaba! No podía tolerarla. Mientras subía y subía una jaqueca llego a mis sienes, punzaba y aturdía.
De pronto se detuvo...
[...]
[...]
se abrieron las puertas, silencio... mis latidos parecían golpeteos, obscuridad total.
De pronto un olor al hubiera, un pensamiento de no retorno, un grito de advertencia.
Pasmado, se detuvo el tiempo...
Ahí me quedé, no quice salir.